Historia
Ayllón no conserva testimonios de su antigüedad, al igual que otros muchos pueblos, pero es indudable su remoto origen. Primitivamente, la población celtibérica debió estar situada entre la ermita de Santiago y "Los Paredones", donde se encuentran abundantes restos de cerámica, tanto en las tierras y barrancos como mezclados con la argamasa de la fortificación. Es posible, y no es aventurado el manifestar, que la antigua población se hallaba junto a los actuales manaderos, cuyas frescas y abundantes aguas abastecen la villa. Esta cerámica, roja o negra, presenta líneas horizontales y semicircunferencias concéntricas, como hechas con un peine, muy parecidas a las encontradas en Numancia y otros lugares de Soria.
También se han realizado excavaciones junto a "La Dehesa", en donde se halla una necrópolis celtibérica. Se han logrado ya cerca de un centenar de vasijas, armas y útiles.
Esta tierra fue hollada innumerables veces por legiones romanas, atacando a los hispanos, con resistencias feroces, puesto que en cualquier plano de la Historia, Numancia, Termancia y otros muchos son citados por los historiadores. Igualmente podemos afirmar la presencia de godos y visigodos, de los que encontramos armas, utensilios y piezas por doquier. La ocupación árabe está patente en los vestigios que todavía se conservan en sus murallas. "Los Paredones" no son otra cosa que fortificaciones árabes. En el año 718 se cita que fueron martirizados por los árabes cincuenta y cinco cristianos, entre ellos San Zoilo, San Persa, San Rústico, San Esteban, San Teodoro y San Espiridión
En la primavera de 933 el conde Fernán González averigua por sus espías que un gran ejército árabe avanza por los caminos de Medinaceli, amenazando las plazas de Osma y San Esteban. Mientras sus mensajeros vuelan a dar cuenta al rey de León, él resiste el primer embate. A partir de esta fecha, en los comienzos de la unidad de este Condado de Castilla la mayor parte de las tropas árabes entran por este camino. Aunque no se cita, quizá Ayllón fuera una de tantas plazas que sufrieran los duros combates de Almanzor, como lo fueron San Esteban, Gormaz y tantos otros. Lo cierto es que la permanencia árabe en esta tierra fue prolongada.
En el poema "MYO CID", al describir el viaje del legendario Rodrigo de Vivar camino del destierro, cita los siguientes versos: "De siniestro San Estevan una buena ciudad / de diestro a Lilon las torres moros las han". De lo que se deduce que en aquella época Ayllón estaba en poder de los moros, y era ya en el reinado de Alfonso VI, cuando esto se cita.
Después de no pocas luchas y esfuerzos, queda incorporado a Castilla al ser conquistado Toledo por Alfonso VI un domingo de mayo de 1085, llevando la frontera del Duero al Tajo. Inicialmente, Ayllón pasa a pertenecer a la diócesis de Osma, pero al reformar en 1088 las de Castilla es asignada a la de Sigüenza. Hay una disputa entre los obispos de Osma, don Beltrán, y el de Sigüenza, don Bernardo, sobre los límites de sus diócesis respectivas. El obispo de Osma reclama las villas de Almazán, Berlanga y Ayllón, que dice ser de Osma, según la distribución hecha en el Concilio de Santa María de Husillos (Palencia) por el legado cardenal Ricardo. Interviene el cardenal Guido, legado de Inocencio III, y en el Concilio celebrado en Burgos en 1136 queda Ayllón asignado para la diócesis de Sigüenza. Pero no obstante haberse aprobado esta variación y a pesar de los privilegios, tanto del emperador como de Inocencio III por bula despachada en Roma el 6 de marzo siguiente. Osma no se conformó y reclamó ante el Concilio Lateranense en 1139. Después de sucesivas confirmaciones de los papas Eugenio III, Adriano IV, Alejandro III y la concordia de 1165 por la que Osma cedía a Sigüenza las villas de Ayllón, Berlanga, Almazán y Caracena, todavía en 1191 el papa Celestino III hubo de intervenir a favor de la diócesis seguntina, hasta la celebración de otra concordia con Sigüenza en 1229, que fue la que sirvió de base para que en Valladolid el cardenal Aleguín, en 1235, después de cien años de porfía, adjudicase estas villas a la diócesis de Sigüenza, con la aprobación de Gregorio IX. Aunque la verdadera paz no llegó hasta el 25 de abril de 1250, en que los clérigos de esta villa aceptaron su incorporación, renunciando a cualquier otro derecho.
Se sabe de la permanencia del rey Alfonso VII en Ayllón por una donación hecha a la diócesis de Sigüenza en 24 de septiembre de 1154. Que en 1155, el 10 de noviembre, aparecen en otros documentos fechados en Ayllón los infantes don Sancho y don Fernando, reyes dos años después de Castilla y de León, respectivamente.
El 6 de junio de 1179 estuvo en Ayllón Alfonso VIII y su esposa doña Leonor. Igualmente figura en otro documento fechado en Ayllón en 1180 concediendo privilegios a las sedes de Sigüenza y Osma. También el 15 de julio de 1180 el rey Alfonso VIII firma en Ayllón un privilegio a favor del obispo y clérigos de Osma, relevándoles a pagar pecho concejiles. También Alfonso VIII otorga en la villa de Ayllón, a favor de Sepúlveda, en 8 de agosto de 1201, un privilegio que exime de tributos – salvo la obligación de ir en forzado – a los que vivieran todo el año con casa, dentro de los muros de aquella villa.
Los procuradores de Ayllón acuden a las Cortes de Carrión en 1188, en las que se concertó el enlace de la infanta doña Berenguela con el alemán Conrado de Saubia, cuyo matrimonio disolvió después el arzobispo de Toledo.
En el año 1238 el Adelantado de Andalucía, don Álvaro Pérez de Castro, se entrevistó en esta villa y obtuvo del rey don Fernando III socorros para continuar la lucha contra los moros.
Uno de los acontecimientos más importantes que registra la historia de Ayllón es el conocido por el portentoso "MILAGRO DE LAS CRUCES", en el primer año del reinado de Fernando IV, cuando los judíos esperaban absortos el 1 de junio de 1295 la llegada del Mesías, pomposamente anunciada por los rabinos de Ávila y Ayllón, que no llegó a producirse.
En 26 de julio de 1300, por la confirmación de un privilegio del rey don Sancho, se sabe que estuvieron en Ayllón los reyes don Fernando IV, el Emplazado, y su madre, la prudente reina doña María de Molina, procedentes de Valladolid, camino de Almazán. Y también esta reina, doña María de Molina, pasó en Ayllón parte de la cuaresma de 1306.
Durante el reinado de Alfonso VIII esforzados escuadrones del concejo de Ayllón acuden y vencen en 1212 en la memorable batalla de las Navas de Tolosa, al mando del esforzado paladín don Diego López de Haro, señor de Vizcaya y alférez mayor del rey.
La tradición piadosa, incluso documentada por una inscripción, coloca en 1214 la fundación del convento de Frailes Menores por el propio taumaturgo San Francisco de Asís, que durará hasta su exclaustración en 1836.
Alfonso XI se casa con doña Constanza Manuel, hija del infante don Juan Manuel, a quien repudia para casarse con doña María de Portugal. Este hecho motivó que las tropas del infante pasaran a sangre y fuego en 1327 las villas de Ayllón y Sepúlveda, entre otras, en una acción devastadora y cruel. Alfonso XI pasó las navidades de 1333 en Cuellar, descansando en Ayllón, camino de Sepúlveda.
Ayllón fue una de las primeras fortalezas que defendieron la causa del primer rey de la Casa Trastámara, don Enrique, el de las Mercedes, después de la muerte de su hermano don Pedro I, El Cruel.
Pero la historia más brillante de Ayllón la encontramos en el verano de 1411. El rey de Aragón, don Martín, el Humano, había muerto sin sucesión. El reino se hallaba en una situación crítica y eran varios los pretendientes: don Jaime, conde de Urgel; don Alfonso, duque de Gandía; el conde de Foix, casado con la infanta doña Juana de Aragón; don Fadrique, hijo legitimado de don Martín de Sicilia; don Luis de Anjou, duque de Calabria, y don Fernando de Antequera, hijo de Juan I.
Don Fernando , también hijo de doña Leonor de Aragón, era el más próximo pariente y demás gozaba de gran fama, especialmente por sus victorias en Andalucía y la conquistas de Antequera, que le valió el sobrenombre. En tanto, los hombres de buena voluntad intentaban poner de acuerdo las Cortes de Aragón, Cataluña y Valencia. Debía mantenerse la unidad y para ello fue forzoso aceptar un acuerdo que resolviera la anarquía imperante. Este acuerdo fundamentándose en el nombramiento de nueve compromisarios – tres por cada uno de los reinos confederados –, que se revinieron en Caspe.
Mientras tanto, las intrigas políticas hicieron que don Fernando se instalara en Ayllón, llamando a la reina doña Catalina de Láncaster y a su sobrino, el rey niño don Juan, después don Juan II, a donde se trasladaron desde Riaza el 16 de julio de 1411. Pocos días después llegaba también a Ayllón, desde Toledo, el gran taumaturgo San Vicente Ferrer, llamado también por los reyes, hospedándose en el convento de San Francisco. Es fama que predicó ante ellos y que aconsejó a los reyes que los judíos tuvieran barrios separados de los cristianos. Dice Vergara: "El 16 de julio de 1411 se reunieron en Ayllón con don Fernando de Antequera, señor de esta villa, los reyes doña Catalina y don Juan II, recibiendo una embajada de Carlos, el noble de Navarra, y la vista de San Vicente Ferrer".
Lo que sí tuvo de acertada la elección de don Fernando de Antequera en el Compromiso de Caspe en la acusada personalidad como político y guerrero; ¿tuvo algo que ver con estas reuniones? Es posible que en ellas se fraguara el destino, pues San Vicente Ferrer fue su más infatigable defensor. Pese a todo el antagonismo en torno a la sentencia de Caspe, lo cierto es que, en frases de don Ramón Menéndez Pidal, se resume:
"…quede, pues, el Compromiso de Caspe en la historia del siglo XV como grandísimo homenaje que al rey Humano, rinden sus súbditos, y como originalismo ensayo de la auto determinación, realizado por un pueblo en evolución, que se desfeudaliza con el auge de su burguesía, un pueblo que se muestra consciente de sus derechos y de sus deberes, penetrado en su unitario destino hispánico".
En el Archivo de Simancas hay una provisión real de doña Isabel, la Católica, fechada en Alcalá de Henares en 1503, en la que establece una concordia en los debates que tenían don Diego Hurtado de Mendoza, duque del Infantado, y su hijo don Iñigo de Mendoza con las villas de Santisteban y Ayllón, Maderuelo, Fresno de Cantespino, Barahona de Ambos Barrios, Alcozar, Riaza, Castillo de García-Muñoz, Castilnovo y Osma.
El 23 de agosto de 1581, camino de Segovia procedente de Soria, en donde acaba de fundar el convento de la Santísima Trinidad, pasó por Ayllón la mística andariega Santa Teresa de Jesús, acompañada de Ana de San Bartolomé, su inseparable compañera de reforma. Es indiscutible que Ayllón siguió la vida de Castilla a través de sus luchas en la guerra de las Comunidades y cuantos acontecimientos históricos hubo en épocas precedentes.
En 1809, las guerrillas del Empecinado atacaron a los franceses los cuales, en 1810, saquearon la villa y quemaron varias casas, los archivos de la parroquia de San Miguel y parte de la Casa del Ayuntamiento. Al año siguiente, las tropas del general Durán atacaron a los invasores, cerca de Ayllón, el 23 de julio.
En noviembre de 1825 se formó un batallón de voluntarios realistas contra las tropas carlistas con 324 plazas de Ayllón y su partido. Ayllón recibió la visita en 1929 de la egregia infanta doña Isabel, que antes de ir a Barcelona quiso conocer personalmente los edificios artísticos que figuran en el Pueblo EspañolEdificios Religiosos de Ayllón